Acuerdos: Constrúyelos, respétalos… o destrúyete

¿En qué momento los magistrados del Tribunal Constitucional Plurinacional decidieron que ellos podían ir por encima de la votación de 2.6 millones de bolivianos y habilitar a Evo Morales para que se repostule nuevamente a la presidencia de la república? Yo tengo mi teoría y todo se resume a un “Talón de Aquiles” que tenemos los  bolivianos en lo referente a los acuerdos: ¡No los cumplimos!

Hoy somos un poco más de 7500 millones de personas en el mundo. Considerando que “cada persona es un mundo”, puedo afirmar con alto grado de seguridad que dado un asunto, cualquier asunto, dos personas no pensarán exactamente igual. Por tanto, juntos como humanidad, tenemos billones de opiniones diferentes sobre un asunto en un momento dado. ¿Cómo es que el mundo es un lugar factible si es que hay tantas diferencias de pensamiento? Simple, porque llegamos a acuerdos entre nosotros.

Para que un acuerdo se logre, dos o más personas deben ser capaces de escuchar una propuesta, aceptarla o proponer cambios… y luego nuevamente escuchar, aceptar o proponer… y así sucesivamente hasta que todos los actores queden satisfechos. La realidad es que no siempre quedarán todos satisfechos, pero el mundo debe avanzar, así que una forma de satisfacción es sacrificar algo a cambio de obtener otra cosa. Incluso ahí, cuando el asunto genera posiciones muy contrarias y no se llega a satisfacer a todos, igual el mundo debe avanzar, y se opta por acuerdos democráticos donde se acepta lo que la mayoría diga.

Normalmente a los acuerdos se llega por medio de espacios democráticos como votaciones, referéndums, congresos, asambleas, consejos, directorios, juntas y otros mecanismos similares donde todas y cada una de las personas son iguales, lo máximo que existe es alguien que dirige el proceso, pero la opinión de uno es igual de importante que la de otro. Mientras más grandes sean estos espacios más difícil y costoso será llegar a acuerdos. Por ejemplo, para que la Junta General de Accionistas de una empresa se lleve a cabo, lo primero que debe lograrse es reunir a todos los socios y para eso los socios deben sacar tiempo de sus agendas y destinar un par de horas para este propósito.

Aunque un acuerdo es el resultado de la participación de todos (o la mayoría), la puesta en práctica del acuerdo no lo hacen todos, sino que ellos eligen a alguien que los represente y ejecute el acuerdo. Este representante, conocido como el ejecutivo de la ecuación, no solo realiza lo necesario para cumplir el acuerdo, sino que también está facultado para tomar decisiones que permitan llegar a cumplir el acuerdo original. Por ejemplo, hablando de la empresa, la Junta General de Accionistas ha llegado a un acuerdo y, además, ha elegido a un Gerente el cual deberá dirigir la empresa de tal forma que los acuerdos de los socios se cumplan y, para ello, podrá tomar decisiones sin necesidad de reunir a toda la Junta de Accionistas; claro, siempre y cuando sus decisiones no vulneren los acuerdos de los socios, el gerente debe recordar que al final los que mandan son los socios, no él.

¡Y es justo ahí donde fallamos!

Olvidándonos de la empresa privada, donde creo que normalmente no tenemos ese problema, en Bolivia estamos acostumbrados a reunirnos en todos los niveles, nos gastamos horas de horas en reuniones interminables y llegamos a acuerdos que permiten a nuestras organizaciones de todo tipo avanzar. Hasta ahí está todo bien, donde falla la cuestión es cuando elegimos a nuestros ejecutivos. Apenas damos un poquito de poder a la gente, ésta deja de oír a los interesados, a los que lo eligieron como su parte ejecutiva, y empieza a tomar decisiones porque piensa que es lo mejor, sin darse cuenta que muchas veces sus decisiones rompen otros acuerdos o, incluso, rompen el acuerdo original.

Vamos con algunos ejemplos de esto que seguro que muchos de nosotros los hemos vivido:

  • Una familia en pleno se reúne una noche y todos deciden ir a ver una película de superhéroes. El papá va a comprar las entradas ve que de oferta hay asientos para el estreno de Star Wars y compra para esa película. Al llegar a casa ve a sus pequeños disfrazados, uno de Batman y el otro de Superman, y él debe decirles que verán a Obi-Wan Kenobi porque él pensó que era mejor, que había una oportunidad.
  • Todo un curso de un colegio decide el color y diseño de su polera de curso. Cuando la Mesa Directiva está por mandar a hacer la polera ellos cambian algo porque no hay el diseño, no hay el color o, simplemente, no les gusta. Cuando llegan las poleras y son entregadas, todos los demás alumnos se siente traicionados… al final, no era lo que ellos habían elegido.
  • Un grupo de oración, después de muchas horas de discusión, decide tener sus reuniones semanales todos los jueves a las ocho de la noche. Cuando el presidente de este grupo va a reunirse con otros presidentes de otros grupos, ellos le convencen de cambiar su día de reunión a miércoles para uniformar a todo el movimiento. El momento que él va a su grupo y les dice que por decisiones de instancias superiores deberán reunirse el miércoles, todos quedan molestos porque, al final, que se reúnan un día específico es algo interno que a nadie más le incumbe y, además, ellos ya habían decidido el día.
  • El docente de una asignatura en la universidad pregunta a sus estudiantes que día quisieran entregar el proyecto final del semestre, los estudiantes en reunión general deciden día y hora. El día de entrega algunos estudiantes hablan con el docente y lograr retrasar la entrega un par de días, aunque pareciera que eso es bueno, en realidad hay muchos otros estudiantes que cumplieron con el plazo y, para completar el asunto, la nueva fecha se les cruza con otras cosas.
  • La Asamblea General de una OTB (Organización Territorial de Base) decide utilizar todo el presupuesto de su gestión para asfaltar todas las calles de su barrio. Cuando la Mesa Directiva va a la Alcaldía a solicitar lo acordado, por una cuestión técnica cambian de proyecto y deciden poner alumbrado público. Los vecinos esperan todo al año por el asfaltado mientras sus calles van siendo iluminadas, al final nunca llega lo que esperaban y quedan decepcionados, aun cuando tengan el barrio más iluminado y, por tanto, más seguro de la ciudad.
  • A inicio de año todos los miembros de un club en una asamblea general deciden actividades y fechas de realización, demás está decir que esto toma horas. Conforme van pasando los meses la directiva del club, que está formada por algunos de los miembros, va cambiando fecha e incluso actividades porque justo esa fecha no se choca con otra, porque la nueva actividad es mejor y cosas así. Todos los miembros del club se molestan porque se gastaron horas para llegar a acuerdos a inicio de año, porque algunos ya cambiaron agendas con mucho tiempo de anticipación para poder asistir y cosas de ese estilo.

Si analizamos los anteriores ejemplos nos daremos cuenta que los ejecutivos que cambiaron o desconocieron los acuerdos no lo hicieron de mala fe. Todos ellos lo hicieron pensando en los demás, pensando que el resultado sería mejor, pero se olvidaron que los acuerdos lo tomaron todos y que su función de ellos era hacer cumplir el acuerdo.  Si el papel de los ejecutivos es decidir por los demás, cosa que no lo es, entonces surge la pregunta: ¿Para qué reunir tanta gente o gastarnos tanto dinero si al final ellos harán lo que crean conveniente?

Cuando un ejecutivo decide por su cuenta por encima de un acuerdo no solo el resultado molestará a alguien, sino que ese alguien dejará de confiar en el mecanismo democrático utilizado. Cuando te llaman para que tú ayudes a decidir algo y al final el acuerdo no se cumple porque alguien pensó que era mejor hacer otra cosa, el mecanismo democrático deja de ser confiable, ¡y eso es peligroso! Peligroso porque la gente dejará de ir a consejos, reuniones, asambleas y votaciones, ¡adiós democracia!

Aprender a cumplir acuerdos se enseña. Se enseña a los niños en la casa; a los niños y jóvenes en el colegio, en la universidad; se enseña a la gente en las reuniones y asambleas de las organizaciones, en las reuniones de tu barrio, incluso en los clubes o grupos que buscan un fin común.

Es por eso que cuando yo soy parte de algo, voy a todas y cada una de las reuniones porque es en ellas que se deciden las cosas y, sobretodo, me peleo de manera categórica y constante cuando algún ejecutivo decide pasar por encima de un acuerdo… y siempre me dicen: “No seas intransigente, hay que ser  flexible, la gente entenderá porque cambiamos las cosas”. ¡No señores! La gente no entenderá, no les interesa entender, no viene al caso que entiendan, lo que les interesa es que se los respete. Es por eso que yo trato de hacerles entender que no es bueno eso, que luego nadie irá a las reuniones, que la gente perderá la fe y que eso es matar la democracia; pero también trato de que ellos como ejecutivos entiendan que su papel es proteger acuerdos para que todos se sientan representados y confíen en ellos, en sus instituciones, en su país.

¿Y por qué hago todo lo anterior? Para que luego no aparezcan seis personas que piensan que lo mejor es dejarle participar a Evo en una nueva elección aun cuando hubieron 2.6 millones de bolivianos que dijeron que NO… los acuerdos se respetan, ¿verdad?

Así que amigos míos, desde hoy, aprendan a respetar acuerdos y enseñen a los más jóvenes a respetarlos… por ahí ellos puedan construir el país que nosotros no pudimos.

 

Foto: Obtenida de internet

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