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Nada menos tuyo que tú

¿Recuerdas la primera vez que sentiste que algo era tuyo? No lo creo. El sentido de pertenencia que tenemos casi-casi nace con nosotros, está ahí desde que somos bebes. No hemos pasado ni un minuto en este mundo y ya estamos llorando a manera de reclamo para que nos alimenten, y eso debe hacerlo una persona que sentimos nuestra, ¿quién? ¡Pues nuestra madre!

Conforme pasan los años nos vamos apropiando de algunas cosas, de pequeños son cosas materiales como ropa, juguetes y cosas simples. Ya más grandecitos nos apropiamos de cosas menos palpables, pero más importantes, como las alegrías, tristezas, frustraciones, es decir, lo que sentimos. Un poco más cerca de la adultez nos apropiamos de nuestro espacio y nuestro tiempo, ambos son nuestros y todos deben respetarlo.

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Cerebro y corazón

El cerebro y el corazón viven en constante lucha. El cerebro es más viejo pues empezó a funcionar apenas nacimos, al ser viejo sus decisiones se basan en experiencias y lógica, por tanto casi nunca se equivoca. El corazón es más joven pues empieza a funcionar con cada experiencia nueva que vivimos, al ser un chiquillo sus decisiones se basan en sentimientos y son muchas veces ilógicas, por tanto puede llegar a equivocarse.

La receta básica que todos repiten es: ¿Quieres vivir tranquilo? Hace caso a tu cerebro. ¿Quieres vivir intensamente? Hace caso a tu corazón. ¿Quieres vivir feliz? Logra un balance entre tu cerebro y tu corazón. ¡Vaya, había sido fácil! Pero todos sabemos que algo no cuadra acá.

Ayer descubrí que el elemento faltante en la fórmula de la felicidad es el alma. El alma es eterna pues empezó a funcionar apenas Papá Dios nos imaginó, al ser eterna y divina sus decisiones se basan en amor, por tanto nunca se equivoca.

Frases como ‘amigo del alma’, ‘alma gemela’, ‘entregué alma, vida y corazón’ nos muestran que el alma, aún cuando pasa desapercibida, está presente cuando nos referimos a algo o alguien entrañable, amado y único. Por tanto, no todo lo que hacemos ni todas las personas que conocemos tienen permiso para estar en contacto con nuestra alma, a ella solo la conocen las personas en quien confiamos tanto que somos capaces de mostrarles nuestro interior. Pero lo anterior no significa que no vayamos a sufrir, pues al estar tan expuestos es muy fácil hacernos daño. Sin embargo, como el alma es eterna tiene todo el tiempo para entender, perdonar y avanzar.

Cuando uno hace las cosas con el alma todo se simplifica, pues es el amor quien nos mueve. El amor no tiene límites, el amor nos permite rectificar nuestros errores, el amor nos ayuda en tareas imposibles, el amor nos acerca al otro, el amor perdona, no juzga y aprende a entender. El amor no cobra, el amor es entrega.

¿Cuál es la clave de la felicidad? Dejar que el cerebro y el corazón sigan peleándose y nos lleven a cometer errores y aciertos. Y en ese proceso ir reuniendo ‘personas del alma’ con las cuales no importe lo que hagamos ni como lo hagamos, pues sabremos que ellas estarán en esta vida, en la próxima y en la eternidad, compartiendo este hermoso verbo que es ‘vivir la eternidad prometida por Papá Dios junto con las personas a quienes amamos’.

El tiempo cura corazones, no memorias

Dicen que el tiempo lo cura todo, pero la realidad es que el tiempo cura nuestro corazón, pero no nuestra memoria. Puede ser que aquello que alguna vez nos hizo sufrir ya no nos haga daño, pero está ahí y ahí permanecerá. Algo así como cuando uno se rompe un hueso, con el tiempo el hueso se cura, pero el momento de la ruptura siempre está en nuestra memoria y algún rato, cuando existan cambios en el clima, nuestro cuerpo nos recordará que algún día nos quebramos.

¿Por qué el tiempo no limpia nuestra memoria? ¡Todo sería más fácil! Todo evento malo pasaría y no quedaría nada, no habrían secuelas… Como la vez que ese profesor nos humilló frente a todos y nos condenó a tener miedo de hablar en público para siempre… o cuando descubrimos que la persona amada nos engañó y nunca más pudimos confiar en ella… o cuando un amigo se llevó para siempre todos nuestros ahorros y nunca más dimos dinero a quien lo necesitaba… o aquellas palabras hirientes que salieron de la boca del ser amado y que rompieron algo dentro nuestro y terminaron matando el amor.

Hay alguien que nos dice: ¡No te arrepientas de tu cicatrices! ¡Mira las mías! Están en mis muñecas y me recuerdan a ti… yo morí para que tu vivas… yo sufrí para que tú seas salvo… lo que yo sufrí por ti, no cambió lo que siento por ti.

Es por eso que recordamos todo, no para condenar nuestra vida, sino para que cuando veamos que alguien está sufriendo a causa de algo que también a nosotros nos ocurrió, le digamos: ¡Levantate! No dejes que eso te marque de por vida… puedes y debes seguir confiando… puedes y debes seguir amando… puedes y debes seguir creyendo.

No dejemos que los malos momentos guíen nuestra vida… hagamos que los malos momentos se transformen en palabras certeras para que las personas a quienes amamos sufran menos que nosotros… seamos luz, no oscuridad.

Ya habrá tiempo para…

‘Ya habrá tiempo para …’ es la frase más engañosa en la vida de una persona, pues lo que se deja atrás es lo que tenemos bajo nuestro control y eso, normalmente, es lo que nos hace felices. Pensamos, de una manera equivocada, que aquello siempre estará presente en el futuro. ¡Pero que irónica es la vida! Pues todo lo que un día tenemos bajo nuestro control, si es que dejamos de darle el lugar que corresponde, se escapa de nuestras manos.

Somos tan incongruentes con la vida que acortamos nuestro tiempo no para hacer lo que nos hace felices, sino para asegurarnos que el futuro podremos hacerlo. ¿Y porque no hacerlo ahora? ¡No! ¡Imposible!

La mayoría de nosotros dedica más tiempo al trabajo y deja de lado a la gente que ama y con quien gustar estar, en nuestra mente nos justificamos diciendo que ‘de esta manera podré darles todo, no les faltará nada’, lo que si es seguro es que les faltará algo: tú.

Muchos se dedican a estudiar y estudiar, los universitarios dejan de ser jóvenes y se convierten en viejos solo dedicándose al estudio y dejando de lado a los amigos, los amores y las anécdotas. Los que ya tienen profesión llenan sus paredes de títulos de cursos, seminarios, diplomados y maestrías sin sentido pues solo les chuparon tiempo y no les dieron ni más conocimiento y mucho menos oportunidades.

El extremo de todo esto es cuando uno se encuentra dentro de una relación sin futuro, uno sabe que no funcionará, que la persona que esta a su lado es totalmente lo opuesto a lo que se desea, que el amor y la pasión que alguna vez existió (si es que existió) ya hace tiempo desapareció. ¡Pero no! ¡Uno sigue! Frases como ‘enamorarse como quinceañero no es para un adulto’ o ‘eso de mariposas en el estomago es ridículo’ solo demuestran lo poco que uno ama la vida, tan poco que es capaz de perder su tiempo en medio de peleas, discusiones y malos momentos.

Si tan solo fuéramos capaces de cambiar la frase ‘Ya habrá tiempo para…’ y convertirla en ‘Hoy es tiempo para…’, posiblemente hubiera gente menos rica y con menos diplomas, pero les aseguro que habría más personas con una sonrisa pintada, con una vida envidiable y un mundo lleno de pasión, y cuando hay pasión, no se necesita ni dinero ni estudios para sentirse exitoso.

Aprendamos a poner prioridades en nuestra vida, y las prioridades normalmente tienen nombre y apellido, sobretodo, ¡aprendamos a vivir la vida!

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